El misterio fue desentrañado por la investigadora japonesa Yasuko Nakamachi, que hizo de su tesis una misión para atribuir la paternidad correcta a las galletas de la fortuna. Nakamachi vio su primera galleta de la fortuna en los años 80 en un restaurante chino de Nueva York, Estados Unidos, y quedó impresionado, encontrando que era una idea brillante, pero sin hacer tantas preguntas.

Luego, a finales de los 90, en las afueras de Kyoto, cerca de uno de los santuarios sintoístas más famosos de Japón, volvió a ver esas galletas en una panadería familiar llamada Sohonke Hogyokudo, eran tsujiura senbei, ligeramente diferentes a las que se ven en Nueva York, más grandes y oscuras, ya que su masa contenía sésamo y miso en lugar de vainilla y mantequilla/aceite. Las fortunas no se colocaron en el interior, sino en el pliegue de la galleta.

A partir de ese avistamiento planteó numerosas preguntas y comenzó su investigación, seis años entre bibliotecas y libros, viajes y encuestas.

Las galletas de la fortuna llegaron a América en los años de la Primera Guerra Mundial, tras una fuerte inmigración japonesa y china. Entre las personas que hicieron famosas las galletas de la fortuna están Makoto Hagiwara, japonés, y David Jung, chino. 

Así que las galletas se extendieron por todo el país y con ellos crecieron pequeñas panaderías chinas y empresas chinas que producían galletas, también porque en esa época muchos japoneses fueron enviados a campos, producto de la guerra y los chinos, inteligentemente, se hicieron cargo de la producción, de modo que a finales de los años 50 se produjeron unos 250 millones de galletas de la fortuna.